MADURO Y CILIA ESTABAN ‘TIRANDO’ CUANDO LOS CAPTURÓ LA CIA

MADURO Y CILIA ESTABAN ‘TIRANDO’ CUANDO LOS CAPTURÓ LA CIA

Por: Helí Jurado Sierra.

Análisis humorístico y reflexivo de la captura de Maduro por parte de Estados Unidos.

Eran casi las dos de la mañana, cuando los formidables comandos norteamericanos Delta Force entraron a la habitación del dictador.

La CIA sabía de antemano que Maduro y Cilia ‘se estaban tirando a todo el pueblo venezolano’ y se habían robado más de diez mil millones de dólares, fuera de aviones, oro, diamantes y propiedades. Venezuela, bajo su mandato, se convirtió en una cleptocracia.

Así increpaba el déspota Maduro al presidente Donald Trump, con estas babosadas:

– “¡Venga por mí, aquí lo espero en Miraflores, no se tarde en llegar, cobarde!”. (Y se le hizo realidad su altanería).

Su concubina, Cilia, no alcanzó a taparle la jeta al “plátano bocón” y en medio de su ignorancia, no atisbó que se estaba metiendo con el país más poderoso de la tierra.

Hay un adagio implacable, que reza: “el habla imprudente trae consigo el castigo o la vergüenza”.

Ya Venezuela estaba cercada por estos ‘barquitos’:

Una ‘piragua grandota’ llamada “Gerald Ford” que tiene una pista de aterrizaje bien sofisticada, con un restaurante bacanísimo, aire acondicionado, cañones de largo alcance y ‘caucheras de láser’. A ese aparato le caben la media bobadita de 90 avioncitos con cuerda para rato y 4.600 marineros, con gruesos bíceps y chocolatinas bien marcadas. Lo cuidan once ‘chalupas’ que las llaman ‘destructores’, amén de bombarderos B-52 y B-1B, junto con cazas F/A-18 Súper Hornet y ‘aviones madrugadores’ es decir, de alerta temprana E-2 Hawkeye. Casi me olvido de una ‘canoa’ sellada como un barril enorme, que dizque anda por debajo del agua toda silenciosa, armada con misiles balísticos y torpedos.

Trump les dijo a sus muchachos: “No me vayan a salir cacharetos” (Del inglés: I hope they don’t turn ‘cachuretos’).  Ellos le contestaron: “Fresh brother” (Traducción: “fresco hermano”).

Ya era el tres de enero de 2026, año de gracia para Venezuela, en que se cumplió la profecía y un comando helicoportado de HPs. (Hombres Poderosos), capturó a Maduro a las dos de la mañana en su residencia ‘La Casa de los Pinos’, protegida por el búnker Fuerte Tiuna. Burlaron los anillos de seguridad cubanos, iraníes y los colectivos chavistas. Los aviones rusos Sukhoi 30 no funcionaron por falta de repuestos y de gasolina. Los misiles moscovitas, ya oxidados, no aparecieron. Todos dormían profundamente. Dicen los especialistas que Estados Unidos estrenó su nueva arma: “Hipnotismo a distancia”.

En ese instante, al bandido Maduro se le quitó la valentía que esgrimía contra los jóvenes en el centro de tortura El Helicoide y le dio una cagalera tan fuerte, que lo tuvieron que bañar con manguera de presión. Los encontraron en paños menores y no alcanzaron ni a ponerse la piyama, el bigotudo exmandatario, fue llevado encadenado de pies y manos a una cárcel de New York, junto con su ‘parcera’ Cilia Flores. Maduro alcanzó a murmurar: (“¡que piedra, con esta vieja aquí, a toda hora pegada como un chicle!”).

Analicemos la diferencia abismal entre los dos últimos dictadores, Hugo Rafael Chávez Frías, de signo cáncer (de eso murió) y Nicolás, Maduro Moros de signo sagitario (voló como una saeta a la cárcel). Chávez, aunque mentiroso y comunistoide, era un militar con disciplina, se sabía cuadrar, poner firme y el güevón marchaba hasta bonito, según decía doña Cristina Kirchner, quien fue un poco más que “amiguis’’ de él, pues cada que éste la veía, la colmaba de picos, abrazos, lametazos y miradas morbosas. El coronel Hugo Rafael tenía una característica especial, inconfundible:  hablaba mucha mierda, además era ladrón, embustero, enredador, codicioso y populista. Tenía un vicio muy arraigado, que cuando le echaba el ojo a una casa grande, un edificio o una empresa, expulsaba de su fétida boca la palabra “exprópiese”, para regalárselos a cualquier militar que lo aplaudiera bastante.

Maduro, en cambio, es un mamarracho que solo puede exhibir su carnet de conductor de bus urbano. No solo tiene pinta y hablado de ignorante, sino que su coeficiente intelectual arroja un penoso resultado de mentalidad asnal.  Cilia dice que la enamoró su inteligencia, cuando lo oyó hablar (yo diría rebuznar), se enamoró del bigote cosquillero, y de su aspecto brutal que le producía gran excitación.

Maduro es un adefesio administrativo descomunal, un remedo de político de barriada, un oportunista trepango que, junto con, Diosdado Cabello, Vladimir Padrino, Delcy Rodríguez, Tareck El Aissami y otros malhechores consumados, terminaron de robarse el país quebrado que les dejo Chávez.

Cuentan las mucamas del Palacio Miraflores que una vez Maduro le dijo a su mujer: “Cilita, te voy a besar en los cinco puntos cardinales”. Ella alistó la maleta, pensando que la iba a llevar a pasear por el mundo, pero no fue así. Desde esa ocasión, ella se enamoró perdidamente, porque el último beso se lo dio en el sitio que da coccigodinia.

El gobierno de Chávez rebautizó a Venezuela como República Bolivariana, para escudar sus fechorías tras el insigne libertador; es bien sabido que la Venezuela de Chávez no tiene absolutamente nada que ver con Bolívar, aparte de que nació en Caracas. Si Bolívar estuviera vivo, plata es que le quedan debiendo este par de mal*pa*ri*dos, por ladrones, falsarios, mentirosos y chuecos; hace rato los habría fusilado por encasillarlo en sus canalladas.

El nombre perfecto y acorde con este país hubiera sido “República Venezolana Castrista”, ya que, con ese feroz y barbudo animalejo cubano, (gracias a DIOS ya fallecido), tienen muchísima afinidad, tanto en política abyecta, como en ratería a niveles encumbrados.

Venezuela ya lleva 28 años de escasez y sufrimiento dictatorial, con más de ocho millones de exiliados vagando por el mundo, que salieron de su amado y próspero país por motivos de persecución, de hambre y de miseria.

Todo el mundo sabe que, detrás del dictador Maduro, había una mujer maléfica, astuta, tenebrosa, que manejaba los hilos del poder a su antojo y acomodo.

El primer esposo con el que se casó Cilia Flores, se llama Walter Ramón Gavidia Rodríguez y cuando vio la oportunidad de enriquecerse, lo dejó con tres hijos y se encamó con Nicolás Maduro, con el único objetivo de traficar y embilletarse. Dicen los entendidos en artes perversas que esa señora es más peligrosa que Caín borracho.

Por algo será que tiene colocados a 47 familiares en puestos claves del gobierno, ganando buena lana y cuando le preguntaron el porqué de su nepotismo contestó: “Mi familia ingresó por cualidades propias, me siento orgullosa y defenderé su trabajo las veces que haga falta”.

Aquí nos quedaríamos muchos días escribiendo sobre estas sabandijas venezolanas, pero es mejor esperar a ver cuántos años les clavan o si los dejan libres. Ojalá les den cadena perpetua, para que paguen algo por los miles de torturados y por sus crímenes atroces que cometieron con el pueblo inerme. Ya tuvieron el primer encuentro con el famoso juez Alvin Hellerstein de 92 años, el mismo que indagó al Pollo Carvajal y se declararon no culpables. Lo bueno de todo esto es que si Maduro, sabe aprovechar el tiempo, va a poder aprender inglés durante su largo canazo.

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Lacaro
9 Meses Después

El blog está muy interesante y bien estructurado, además cuenta con apuntes que sacan sonrisas.😃

Heli Jurado Sierra
9 Meses Después
Responder a  Lacaro

Gracias “Lacaro” por tu opinión.

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