EL OSO RUSO ESTÁ ESQUELÉTICO Y HAMBRIENTO

EL OSO RUSO ESTÁ ESQUELÉTICO Y HAMBRIENTO

Por: HELÍ JURADO SIERRA.

Toda la narrativa de este artículo está elaborada con una pizca de humor negro y un poco de sarcasmo para hacer reír pensando.

En la localidad rusa de Dimitrovgrad, más conocida como “la Ciudad atómica” funciona el proyecto MBIR. Allí tienen el reactor de investigación multipropósito más grande del mundo, del cual dijo Putin que, “es la revolución de la ciencia rusa”. Y agregó: “occidente nos envidiará”. “Seremos líderes en producción de energía nuclear”. Esa empresa tenía trescientos trabajadores y digo tenía, porque todos abandonaron sus puestos, ya que no les pagan su salario desde hace tres meses, les deben más de cien millones de rublos. La tesorería del chiquito Vladímir está de su tamaño, más pelada que sobaco de rana, no tiene con qué pagarles y los trabajadores iban a sus casas con los bolsillos llenos, pero de aire, encontrando la nevera vacía y, la mujer rebuscándose por ahí en la calle; trabajaban bostezando a toda hora, bajo efectos de la peligrosa radiación, hasta que se cansaron de esa situación y tuvieron que hacer huelga, tanto ingenieros como oficinistas y obreros, por física hambre.

Estaban trabajando en el proyecto más prestigioso del estado ruso, célebre empresa que, como contradicción, no tiene con qué pagar los salarios de los trabajadores.

La mayor parte del dinero lo invierte el Kremlin en fierros que convierten en costosos misiles, para matar congéneres ucranianos y en llenar los bolsillos de los oligarcas.

Es decir, el emperador Putin, (que como todo endemoniado mantiene santiguándose), está transgrediendo uno de los Mandamientos cristianos, expresamente el quinto, (Éxodo 20:13), “No matarás” que tanto le ha inculcado el patriarca Cirilo de Moscú, pero ese ‘güevón’ no oye consejos.

Según un informe del periódico Komersans, el estado ruso está en quiebra. Al pueblo le dan bastante entretenimiento en televisión, y le infunden gran miedo de un ataque de los Estados Unidos y de la OTAN, teniéndolos cautivos del aparato para que no vayan a la nevera, porque está vacía. Todo apunta a que Rusia va a volver a la época de Stalin cuando generó la hambruna que mató a más de ocho millones de personas. Toda la población rusa está aterrorizada.

Veamos ahora la ciudad de Primorskaya, allí funciona una central térmica en la que los trabajadores, como cosa rara, no trabajan, están tirados en el suelo durmiendo y las turbinas están apagadas. No tienen dinero, porque no les pagan, entonces duermen en el piso, porque con la barriga vacía es muy difícil laborar.

El enorme costo de la guerra en Ucrania ha creado un inmenso agujero en la economía rusa, imposible de tapar.

El pueblo eslavo sacrifica sus bajos salarios pagando impuestos y por falta de efectivo están volviendo al antiguo sistema de trueque. Hay despidos masivos en muchas empresas moscovitas. El gobierno ruso está gastando millones de rublos al día en la guerra de Ucrania.

El ministro de Finanzas Antón Siluanov dijo que, “los rusos deberían comer menos pan, menos leche, menos carne, menos trigo y usar menos papel higiénico”, ya que sale más barato limpiarse con el dedo y remató con esta joya: “es mejor que el pueblo pase hambre a que perdamos la guerra”.

“La genio” que tiene Putin, Elvira Naviullina, como Gobernadora del Banco Central dijo que la economía rusa se ha sobrecalentado. No tenemos personas para trabajar porque los hombres están en el frente de batalla y el resto ha huido del país.

Gasprom, la empresa más rentable de Rusia tiene un déficit de siete mil millones de dólares (629 mil billones de rublos), ya no es la compañía más productiva del país. Le han sacado tanta leche a “la vaca Gasprom” para financiar la guerra contra Ucrania, que ya está flaca y desnutrida, la ordeñan a mañana, tarde, noche y de madrugada ‘pobre animalito’.

Putin está librando dos guerras de forma concomitante: Una, en las ciudades y pueblos de Ucrania, masacrando civiles, mujeres, ancianos y niños y, la otra, en las trincheras de la economía rusa totalmente resquebrajada, cayendo el gobierno putinesco en una encrucijada fatal, ya no sabe si alimentar a su ejército o a su pueblo hambriento.

La solución que ha planteado Putin es vender sus activos o nacionalizar las empresas, pero estas medidas son tan inviables como intentar aprender a nadar en un naufragio.

El 70 % de los salarios rusos se va en impuestos, por eso hay manifestaciones en Moscú y Novosibirsk, protestando contra Putin.

En lugar de construir hospitales, escuelas, carreteras o fábricas están utilizando el dinero de los impuestos para convertirlos en misiles que explotan en los edificios de civiles ucranianos. La vida en Rusia es muy cara y los impuestos son muy altos.

El pueblo tiene que pagar las ambiciones personales del enano Putin. Los rusos piensan que el gobierno tiene un robo planificado contra su pueblo, porque los únicos que no sufren penurias son los oligarcas.

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