Rey nombra ministro a un jumento
Si esta historia se parece a la del emperador romano Calígula, quien nombró cónsul a su caballo Incitato, o a las de montones de asnos empotrados en los gobiernos de Hispanoamérica, es mera coincidencia.
Era una mañana soleada del 20 de junio de 1517. Para ser más exactos, día sábado. El rey de un remoto país iba a visitar a su novia que vivía como a treinta kilómetros del palacio, quería desoxidar sus huesos con una buena caminata, disfrutar del paisaje y respirar aire fresco.
Llamó a su meteorólogo y le preguntó por el estado del tiempo para las próximas horas. Éste le aseguró que podía salir tranquilo, pues no había ningún asomo de lluvia. El soberano se puso sus mejores gafas y salió de palacio, con dirección a su amada. (¡Perdón!, porque ya no veo bien, no se puso las mejores gafas, sino las mejores galas).
Por el camino se encontró con una bella campesina montada en su burro, quien al verlo le dijo:
– “Su Majestad, es mejor que se devuelva, pues va a caer una tempestad muy grande”.
El rey, tan soberbio como Putin, ni la miró e ignoró la advertencia; siguió su camino muy campante, pensando en que, su Asesor de Aguaceros, que también ejercía funciones de ministro de hacienda y a quien le pagaba muy bien, le había dicho que el día sería soleado y, confiado, continuó adelante.

Esta campesina avisó al rey de la tremenda tempestad que se avecinaba.
Como a los diez minutos, efectivamente, se desató una inmensa tempestad con granizada y tremendo aguacero.

La tempestad fue ¡aterradora!
El rey llegó todo empapado donde la novia, con mucha tos y malestar, pero a ella le causó mucha risa, verlo en ese estado. Para esas calendas, no existían los termómetros y la medicina era muy arcaica; la forma de saber si una persona tenía fiebre, era haciéndole un EDR (Examen de Recto) o anoscopia, la cual consistía en introducirle un dedo en la terminal de obuses, si el dedo salía caliente, tenía fiebre y si salía frío, el paciente estaba afebril. Uno de sus asesores, a quien apodaban “El manotas”, hizo de médico y procedió con la auscultación anal. El examen arrojo el resultado de fuerte calentura.
Entonces, la novia muy avispada, buscó en su botiquín donde tenía el infaltable EUCALIPTO, le hizo una vaporización y le preparó un caldo de pechuga de pollo, bien adobado con ajo, cebolla y cilantro.
Al cabo de una hora, el soberano sintió una notable mejoría.
Cuando el rey regresó a su palacio, muy furioso, iba a condenar a la horca a su ministro, por haberle mentido, pero la mamá de éste se puso de rodillas ante su majestad, implorando clemencia y, para congraciarse con el rey, le bailó twerking, ocasionándole al emperador mucha euforia, por lo que decidió más bien perdonarle la vida y echarlo del cargo.
De inmediato, mandó llamar a la campesina que le advirtió del aguacero y le ofreció el pomposo puesto, de “Ministra de Hacienda, con funciones de asesora climática”, pero ella le dijo: – Señor, yo no entiendo nada de eso, lo único que sé es que, si las orejas de mi borrico están caídas, quiere decir que lloverá.

Cuando el burro tiene las orejas caídas, es aguacero seguro.
Entonces el rey contrató al burro y al tomarle el juramento, el burro aceptó muy contento con su peculiar rebuzno jiiiiii grrrrr jiiiiii. Así hizo carrera la costumbre de contratar BURROS como asesores y desde épocas inmemoriales los jumentos tienen los mejores puestos en el gobierno.
Al rey, parece que le quedó gustando mucho el tacto rectal del Manotas, porque tiempo después se casó con él.