Con el tripitorio afuera
En el poblado de Perra Perdida, vivía un personaje muy dado a honrar el espíritu de Baco, libando constantemente el delicioso AGUARDIENTE TAL. (Publicidad de licor aquí, enlazada con la Web) Además de trasnochador, bebedor y mujeriego, competía con las locomotoras de antaño, en la humareda que dejaba a su paso, pues era adicto al cigarrillo de forma exagerada, llegando a fumar más que un condenado a muerte.
En él se conjugaban en perfecta relación, el nombre de su pueblo con sus vicios, él también era un “perro perdido”.
Su esposa de nombre Zalah Mera, vivía muy aburrida con esa situación y todos los días, con gran enojo, le decía esta frase a manera de imprecación: “Si sigues fumando y bebiendo, se te van a salir todos los intestinos”.

Su marido se burlaba, replicándole que no fuera alarmista y aguafiestas, que no sufriera por tonterías y lo dejara ser feliz.
Muy contento y sin ninguna preocupación financiera, ya que vivían de una tienda grande de abarrotes que les procuraba buena estabilidad económica, continuaba con su rutina de beber y fumar todos los días de forma desmesurada.
Doña Zalah, ya muy aburrida con el desenfreno de su marido, un día cualquiera tuvo una brillante idea: Salió temprano a la carnicería TAL (aquí el nombre de la carnicería enlazada con la Web) de Cali y compró una libra de vísceras, de las que comúnmente se conocen como chunchurria o chinchulín..

La chunchurria, chunchulo o chinchulín es muy delicioso asado o frito
Aprovechando que su marido estaba acostado boca abajo dormitando profundamente la borrachera, le metió entre los calzoncillos los entresijos que había comprado y el bebedor ni se inmutó.
Por la tardecita el beodo se despertó con la rasca casi viva, se tocó un incómodo bulto entre sus nalgas y comprobó que tenía el tripitorio afuera, entonces, muy asustado, pegó un alarido, pero su esposa se hizo la desentendida y no quiso acudir a su llamado.
Después de una hora y media de silencio, el marido bajó a la primera planta, caminando espernancado, tembloroso y sudando a chorros.
– Me pareció que gritaste, ¿qué sucedió?, preguntó la esposa.
– ¡Mi’ja, usted tenía razón, se me salieron los intestinos, pero después de bregar mucho, volví a introducirlos !
Tan guevon mi amor
Pobre de don perra vida, al final cabe preguntar cómo se metio los intestinos, el que no escucha consejos suele cometer grandes errores.