Drácula a punto de morir
Halconjurado Comentarios 1 comentario
Drácula, cuyo nombre en rumano es Vlad Tepes el empalador o Vlad Draculea, llevaba muchos años descansando.
El día más lluvioso de mayo, a media noche, decidió salir de su escondite, un ataúd siniestro, empolvado y lleno de telarañas, donde estaba dormitando desde hacía mucho tiempo.

Toda la población estaba encerrada en sótanos, protegiéndose de los bombardeos de la segunda guerra mundial; para rematar la situación, Drácula estaba muy hambriento y enfermo, padeciendo de anemia hemolítica.
Decidió salir de su refugio, para rebuscarse por ahí con alguna muchacha o inclusive muchacho, pues el hombre también funciona con ‘rosca izquierda’.
Como estaban en guerra, la sangre escaseaba, por el gran derramamiento de ese vital líquido. Lucía muy pálido y languidecía del hambre. Drácula es hematófago, es decir, se alimenta exclusivamente de sangre. Comenzó por recorrer las calles y no encontraba un pescuezo bien rico, para clavarle los colmillos.
Siempre me he preguntado ¿por qué Drácula, un hombre de hermosos ojos azules, cuerpo de piscinero y particularmente apuesto, hendía sus colmillos en la yugular de sus víctimas, pero nunca bajaba a la sínfisis púbica femenina, para beber el flujo escarlata que emana cada mes esa desembocadura? ¿Sería alérgico al ácido úrico? ¿O tal vez le produciría prurito el bello vello púbico? -¡No se sabe!-
Como no encontró ningún ‘donante’, se dirigió al Banco de sangre del Hospital LOS CHUPA SANGRE, para que le vendieran, siquiera unos diez litricos del preciado plasma, estaba dispuesto a pagar lo que fuera, ya que el hombre además de ser conde, se esconde en un castillo ubicado en una zona de estrato seis, gozando de una formidable solvencia económica.
El celador de turno le dijo: – ¡Nooooo parce!, esta semana estamos “malangas”, nadie ha vuelto a donar, debido a la guerra–.
La gente no salía por miedo a ser blanco de los proyectiles; la desalentadora respuesta fue que, volviera en seis meses, cuando amainara la balacera del conflicto.
Eran las siete de la noche, del 17 de septiembre de 1939, Drácula andaba dándose una vuelta por Polonia, que estaba siendo invadida por la Unión Soviética, e insistió en hablar con el director del hospital, pero como era domingo el director se había volado, con el novio, de nombre Llozelo Metto, quien ejercía como médico proctólogo del hospital.
En ese instante se cruzó frente a ellos una hermosa mujer joven y curvilínea vestida de blanco, con cofia de enfermera, que les llamó la atención por su caminar eurítmico, parecía que estuviera danzando cadenciosamente; el colmilludo se dirigió a ella con lágrimas en los ojos. Con tristeza y muy desesperado, le inquirió, –si de pronto tuviera la toalla higiénica manchada, para prepararse una agüita aromática, ya que tenía la gastritis alborotada- La señorita le dijo que en ese momento no tenía el “caño inundado”, que fuera al baño de damas, a revisar la papelera, a ver si, de pronto encontraba una toalla bien empapada.
Drácula entró precipitadamente al baño y buscó con desespero entre los papeles de la cesta, como si estuviera rastreando el tesoro de Barbanegra y, ¡nada!, sólo había papel higiénico quita KAKA con huellas coprológicas – ya sabemos que él no es coprófago, es hematófago–.
Era tanto el desespero que se mordió duro la lengua, pero apenas le salieron dos gotas lánguidas de sangre.
Muy compungido salió del Hospital de La Cruz Roja y continuó vagando toda la noche hasta el amanecer, hora en que tuvo que irse rápido a meter en su ataúd, porque la luz solar lo mata. Desde esas calendas no se volvió a saber nada del conde Draculea.
Bueno muy bueno 👌🏻😃