Hombre muere al destriparle un barro
Una señora tenía la costumbre de extraerle los barros de la cara a su marido, reventándolos con las uñas, por la pereza de usar Sacabarros (u otra marca, enlazada con la Web), hasta que esa práctica se le complicó y el hombre murió ipso facto.
(Por razones obvias omitimos el nombre del cónyuge, quien fue enterrado secretamente, víctima de ‘masculinicidio’, no sea que la endiablada mujer, al estilo de Pablo Escobar, “vuelva, lo desentierre y lo mate de nuevo”.
¿COMO FUERON LOS HECHOS?
Un día, la señora Avina Grada, residente en Cali, Valle, pero de origen belga, pilló a su esposo besándose con una jovencita y, escupiendo fuego de la ira, le reclamó gritándole:
¿¡Qué tiene esa que no tenga yo!?
Él le replicó que, según recientes estudios científicos, “mujer con cédula es vieja” y ella pasaba de los 27 años, es decir, estaba revieja y con muchas mañas, porque había sido toreada en muchas plazas; que su mal genio era tan grande como su nariz, pero sobre todo, estaba harto del nauseabundo olor que emanaba su calva y enorme hendidura púbica, la que se aseaba cada mes, por ahorrar jabón y tacañear con el agua; (es de anotar que Bélgica ocupa primeros lugares a nivel global, en “gente que no se baña”); que además, la otra, lo agasajaba con el ‘estrecho de Gibraltar’, que ella le negaba y, además, su nueva adquisición ostentaba “dos poderosas razones”, que en Avina eran como “dos limones pajarito”. Todas esas fallas garrafales lo indujeron a conseguirse una amante joven, aseada, bonita, apretadita, voluptuosa, que además de darle deleites anteriores y posteriores, se vestía con ropa interior marca “A calzón quitao” (u otra marca enlazada con la Web) y se perfumaba con Pachulis de la montaña (u otra marca enlazada con la Web).
Ante ese rosario de hirientes razones, la mujer entró en una espiral de ira, que se tradujo en huracán vengativo de alerta roja, lo que la llevó a sacar de su escondite la, –esa si hermosa– pistola Pietro Beretta, calibre nueve milímetros, que su esposo guardaba celosamente, imaginando con saña cómo sería de sabroso hacerle ¡bang! en plena cara.
Cuando su marido no estaba, la celosa mujer se ensayaba apuntando con el arma frente a un espejo, hasta que un día le llegó “el maldito degenerado” (así lo llamaba la esposa cuando estaba de buen humor), a las seis de la mañana, sin olor a trago, recién bañadito, pálido, ojeroso y como si hubiera tenido un fuerte ajetreo. (En este punto el lector ingenuo se imaginará que el tipo venía de caminar), ¡e x a c t o!: – de caminarle a la muchacha tetona –.
Doña Avina Grada fuera de sí, o sea, más loca que una cabra, se estrenó la Beretta, procurando no hacer demasiado ruido y no gastar mucha pólvora en el gallinazo, disparole una sola vez, impactándolo con precisión ‘con sólo nueve milímetros’ en un barrito que tenía en la frente, cayendo de inmediato al suelo sin signos vitales, arrancándole de la cabeza a su rival y dejándolo tan tieso como una estatua; así cumplió su objetivo de ponerlo a modelar en el estuche para finado.
En el periódico “La Chiva”, (u otro diario enlazado con la Web) apareció la noticia con este titular:
“HOMBRE MUERE CUANDO SU MUJER LE REVIENTA UN BARRO EN LA FRENTE”
Más abajo en letra pequeña decía:
con un tiro de nueve milímetros.