Técnica de una viejecita para siempre ganar en las apuestas

Técnica de una viejecita para siempre ganar en las apuestas

Una viejecita frisando los sesenta y dos años, cuyo nombre es Dora, pero de cariño le dicen: “Mamá Dora”, muy bonita, espléndidamente ataviada, luciendo joyas costosas, físicamente preservada, bien pechugona, más estirada que calzón de gorda y con más operaciones que el Algebra de Baldor, llega a Biyuyo Bank a abrir una cuenta de ahorros con cien mil dólares en efectivo, el cajero le dice que debe tener una certificación de la Fiscalía que avale el origen del dinero, para evitar el lavado de activos, ella le dice que no tiene dicho documento, entonces la envía donde el gerente para no dejar ir a semejante cliente.

 Mamá Dora es una mujer muy cuidada, a sus 62 años, no revela su edad.

 

Gerente de Biyuyo Bank, haciendo cuentas.

El gerente del banco, al tiempo que la saluda, le mira con disimulo sus prominencias pectorales, las cuales, parece que fueran a saltar de su blusa de encaje bien descotada y le interroga sobre la procedencia de dicha cantidad, la viejecita contesta que es de apuestas.

Desde muy joven, esta viejita, se dedica a las apuestas.

El gerente le pregunta: ¿Qué tipo de apuestas? Ella le responde, -mirándole morbosamente su paquete reproductor y guiñándole el ojo-: Hago apuestas de todo tipo, por ejemplo, “le puedo apostar cien mil dólares a que usted tiene la güevas cuadradas”.

El gerente, hombre culto y circunspecto, un poco molesto, le dijo que no estaba para ese tipo de chanzas, a lo que la viejecita le ripostó: ¡Soy una mujer madura y hablo en serio! La suculenta veterana, le cerró el paso: “Mire señor, voy a ser más arriesgada todavía y le voy a duplicar la apuesta a doscientos mil dólares, a que usted tiene sus testículos cuadrados; ahí se la dejo y piense bien, que no es fácil ganarse de un solo golpe doscientos mil verdes. Medítelo con tranquilidad señor gerente y mañana me da la respuesta”.

El manager fue a su casa con la idea de la tentadora apuesta dándole vueltas en su cabeza, reflexionó que la viejita tal vez llegó a esa conclusión, por analogía con su vestido a cuadros, pero también pensó con la voracidad de una hiena bancaria: “Doscientos mil verdes”, ¡son doscientos mil! y lo primero que hizo fue entrar al baño precipitadamente, se paró frente al espejo, (Calzones abajo), para revisarse los testículos, palpándolos minuciosamente con sus dedos y constatando que eran bien redondos.

Por el afán de inspeccionarse, dejó la puerta del baño abierta y su mujer lo observaba furtivamente con atención, mirando cómo su marido hablaba solo, de forma inentendible y se acariciaba con esmero “el taco y las bolas”, entonces ella le dijo:

– Amor, no se vaya a desperdiciar ahí en el baño con esa arrechera que tiene, ¡vamos a la cama y nos damos el gustico!

Él le contestó, ¿Cuál arrechera?, ni siquiera estoy pensando en ti, sino en una vieja tetona que estuvo hoy en el banco.

¡Ahí fue Troya! Su mujer, muy brava y celosa le dice: – ¡Claro, te gustan las tetonas! y tú no me has querido hacer operar este par de limones pajarito, que ya me tienen harta.

(Así se burlaba el banquero de los senos de su esposa)

Él le replicó: Ese asunto lo dejamos pendiente, porque ahora lo que tengo es ganas de billete, precisamente para mandarte a poner unas toronjas bien chéveres. Ella muy resignada, se dijo mentalmente, otra vez que me toca con mi novio míster Vibrator.

 

El banquero continuó ensimismado haciendo cuentas: La TRM (Tasa Representativa del Mercado) está hoy a $4.000 por dólar, lo que me da al cambio, ochocientos millones de pesos. La apuesta de esa señora está bien insólita, ¿será que está loca? ¡Voy a ganarme ese dinero!, concluyó, con la avidez que sufren los banqueros.

El gerente casi no logra conciliar el sueño esa noche, pensando en aceptarle al otro día la apuesta a la veterana. (Su mujer lo sobaba amorosa, deseando un ataque como de soldado ruso violador), pero él estaba concentrado en su apuesta.

Llegó a su oficina, como de costumbre a las ocho y media y la tahúr ya estaba instalada en la sala de espera de su oficina.

La viejota lo saludó muy cortésmente y de inmediato le preguntó ¿qué había pensado sobre la apuesta? y para darle el puntillazo final, añadió: “Yo estoy perfectamente convencida, –Mirándole directamente su porción genitourinaria, con apetito devorador–, pues se le nota a la legua, por encima del pantalón, que usted tiene las guevas cuadradas”                   

 Si se decide apostar, lo hacemos poniendo de testigo a un notario, para comprobar que sus testículos realmente son cuadriformes.

El gerente, ante tanta insistencia, y haciendo con el pulgar de su mano derecha el símbolo de OK , le dijo con voz rotunda: ¡Señora, acepto su apuesta! Quedaron de verse al otro día en el banco a las nueve de la mañana.

Asistieron muy puntuales, junto con el notario.

Después de saludarse, ella le ordenó al gerente con voz recia, como de militar: “¡Bájese los pantalones que quiero tocarle sus guevas!” El gerente con risa socarrona se bajó rápidamente los pantalones, junto con los calzoncillos, pensando: “Esto es pan comido” y permitió que la viejecita mirara y tocara sus partes nobles.

En ese preciso momento, el notario se daba golpes contra la pared y gruñía como un perro rabioso, a lo que el gerente preguntó:

¿Qué le pasa a éste señor? Ella le respondió: Es que con el notario aposté U.S.$ 400.000 dólares, a que, a las nueve de la mañana el gerente de Biyuyo Bank se bajaría los calzones y me dejaría agarrarle las guevas.

MORALEJA:

1.-No todo es lo que parece, hay cosas que se presentan de una manera y resultan en otra.

2.- Algunas veces, perdiendo se gana más.

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Caro
3 Años Después

Me dolio la barriga de tanto reír,que viejita tan avispada. Jajajjajaja 😂🤣

Fer
3 Años Después

Muy bueno 😊

Marina Covadonga
3 Años Después

La inteligencia de las mujeres es superior a la de los hombres

Mariana Bejarano
3 Años Después

Me parece muy bueno …. Buena la apuesta nadie se imagina la inteligencia de la señora

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