La pringamoza

La pringamoza

Por: Press Agency ELJUSI.

Esta historia está basada en hechos de la vida real.

Ella era una mujer paisa, de nombre Ana Mier de Cilla (nombre real), aunque bien podríamos ubicarla en cualquier pueblo del continente. “En todas las ciudades se cuecen habas”.

Ana era muy ‘amiguis’ de una dama treintañera, bien hermosa a quien apodaban “La Chulita”, por ser dueña de unas deliciosas curvas,  quien haciendo gala de una narrativa muy chistosa, me contó esta historia con pelos y señales.

Eran un matrimonio joven, sin hijos. Tenía un esposo de nombre Charles Cilla, (Nombre real), aunque muy celoso, era cumplidor de su deber: casa propia, nevera llena, buenos electrodomésticos, buen vestir, paseos al extranjero, pero sufría de celos compulsivos y le llamaba la atención a su mujer por llegar tarde del trabajo, por demorarse en la tienda comprando cualquier cosa, por vestirse con escotes transparentes que mostraban sus redondas delicatessen, porque sí o porque no.

Casi todas las llamadas de atención culminaban en una paliza, para luego hacerse el amor en un festín de tipo orgiástico, en el que como en las peleas de box “se vale todo”.

El tipo cambió radicalmente de la  noche a la mañana y no volvió a  castigar a su mujercita. Según Ana Mier, parecía como que ya no la amaba y ella, sufriendo la escasez de ‘alimento’ en su sínfisis púbica, creyendo que como su marido ya no le pegaba, era porque ya no la quería  y le había conseguido reemplazo, entonces, en venganza, comenzó a coquetearle a un compañero de trabajo, con quien se degeneró haciendo, a escondidas, ochas y panochas.

Es de anotar que nuestro héroe, el señor Charles Cilla, cambió de comportamiento, fruto de haberse metido a una congregación religiosa, que le exigía templanza y oración.

Es bien sabido que las mujeres les dan a sus amantes los gustos que les niegan a sus maridos, por eso aquél amorío fue tan intenso, desbordándose con toda la fogosidad,  como un río crecido, que se lleva por detrás y por delante todo lo que encuentre a su paso.

Con lo que no contaba doña Ana Mier era con que su amante, de apellido Berganova, era un promiscuo y degenerado sátiro bisexual que usaba estos dichos: “De cucarachas pa’rriba es cacería”  y “de zancudos pa’rriba, todo lo que eche sangre”, la metía hasta donde no debía, resultando todo ese festín sexual en un mal, de los llamados ETS (Enfermedad de transmisión sexual), conocida como gonorrea o blenorragia.

Estando amancebada con el amigote, pringó a su marido, quien al verse en esas condiciones, dedujo que él solo tenía relaciones con  su esposa y ella era la causante de su enfermedad. Montando en cólera, le dio a su mujer una tunda fenomenal, en la que casi la mata. Cuenta la Chulita que fue a visitarla, y siendo Ana una mujer flaquita, de pocas carnes, la encontró goooorda, de lo hinchada que estaba por los golpes recibidos.

La resultante final, fue que Ana Mier de Cilla dejó a su marido y ahora se cambió el nombre por Ana de Berganova, con quien vive actualmente y tiene tres hijos.

¿Qué opina amable lector de la señora Ana Mier de Cilla, del cornudo Charles Cilla y del sátiro Berganova?  

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