EN ARGENTINA COMEN RATAS, SAPOS, GATOS Y BURROS
A quince kilómetros de Buenos Aires, en el barrio Chabolas del municipio de Quilmes, sus habitantes, no son pobres, sino paupérrimos, llegando al extremo de inventarse estos platillos, a los que en el menú les dan una connotación de exquisitez culinaria: ‘rata a la parrilla’, ‘sapo a la criolla’, ‘gato encebollado’ y ‘burro al ajillo’. Esos nombres son propios del orgullo gaucho, ya que los argentinos son arrogantes a más no poder.
Esa es la herencia que Nestor Kirchner y su esposa Cristina Fernández de Kirchner, legaron a los argentinos, durante 12 años de mandato perjudicial.
El presidente de Colombia Gustavo Petro a manera de burla, debido a los malos tratos recibidos del presidente Javier Milei, dijo:
“Si la Argentina es exportadora de carne de calidad, ¿por qué los argentinos no pueden comer carne de calidad y les toca comer carne de burro?”. Y afirmó que “esto no puede pasar en Colombia”.
El autor de este artículo agrega que, en Colombia hay una ciudad llamada Perra Perdida, debido a que cientos de canes desaparecían y se cree que su paradero eran los restaurantes de extranjeros, que están acostumbrados a comer. ‘lata’, ‘mulciégalo’, ‘pelo’, etc. Vaya uno a saber cuántas veces hemos comido esas carnitas, sin darnos cuenta.
Sería bueno investigar sobre las posibilidades culinarias que podrían ofrecer los hipopótamos que habitan en la Hacienda Nápoles, que fuera de Pablo Escobar. Dicen los entendidos en cuestiones cárnicas, que la nalga de hipopótamo es riquísima, un poco fibrosa y con sabor a cerdo. Con tanto pobre en Colombia, deberían, como diría el ‘genio bolivariano’ Nicolás Maduro: “cultivar hipopótamos” para la cena de los pobres aprovechando su carne comestible.