Infidelidad justificada

Infidelidad justificada

En este caso de la vida real, ¿Quién tiene la razón?

Por: Eljusi

(Responda en los comentarios).

Un matrimonio está atravesando una crisis propia de la ingratitud, el desagradecimiento, la rutina y de no poner a su magnífico esposo en el sitial que se merece.

No tienen hijos, ella de 38 años, ama de casa, con muchos lujos y comodidades que le proporciona su marido, inclusive un auto del año. El de 45, muy trabajador y buen esposo.

A petición de ella, duermen en camas separadas. La esposa va mucho a fiestas con amigos, mientras que él se dedica a los quehaceres de la casa, a cocinar, a preparar sus clases para la universidad donde trabaja y a unas asesorías virtuales.

Un día sábado en que el marido no la esperaba, porque lo más seguro es que aparecía al otro día a las ocho de la mañana, borracha y oliendo a macho cabrío, llegó la esposa, –como cosa rara–,  a las diez de la noche y lo encontró  con una hermosa mujer mucho más joven que ella, de solo 23 añitos, con rostro angelical y cuerpo escultural. Ella se estaba vistiendo, (como si acabaran deeee… comer), sí, de comerse algo ¡muy delicioso!  

La esposa muy rabiosa y gritando como loca, le dijo:

–¡Maldito, infiel, cerdo malnacido! ¿Esto me haces cuando yo no estoy en casa?

Y… ¿qué hace esta zorra con mi ropa puesta?

¡Ya mismo alisto mis maletas y me voy, quiero el divorcio!

– ¡Cál ma te! (dijo el esposo con voz suave), ¡espera te doy una explicación razonable antes de irte, por lo menos préstame atención!…

– ¡Que sea la última vez que escucho tu maldita voz!, ¡habla cretino!

El marido comienza su relato, con voz apacible:

–Regresando de mi trabajo, vi a esta inofensiva chica caminando por la carretera, sola y con frío. Le ofrecí llevarla en mi coche y ella accedió. Me contó que vive en un bohío como a tres kilómetros, es soltera, huérfana de madre y vive con su padre inválido y anciano, dijo que son muy pobres y lleva tres días sin comer.

Me causó mucha compasión y la traje a casa para darle algunas provisiones.

La esposa muy rabiosa le interrumpe:

–¡Nooo…, pues que hijuetut@ tan compasivo!, ¡se volvió la Madre Teresa de Calputa!

–¡Por favor déjame continuar, sin groserías!

–Observé que no te habías comido la cena que anoche te preparé, porque te engorda, se la calenté y la pobre la devoró con apetito, afirmando que estaba deliciosa, incluso me dijo que yo soy un chef sensacional y finalizó con una hermosa oración agradeciendo a Dios.

Me pidió que la dejara bañar con agua tibia, ya que en su choza, el agua que baja de la montaña es muy fría.

Para que no se pusiera la misma ropa sudada, le di los Jeans que te compré hace seis meses, pero que tú nunca usas porque no te gusta el color, le obsequié una blusa bordada que te di de cumpleaños hace cinco meses, pero que tú no te pones porque yo tengo mal gusto; por último le regalé las botas que nunca usas, porque una amiga tiene unas parecidas.

La señorita se despidió y ya se iba muy agradecida, (sin que hubiera pasado nada anómalo entre nosotros), pero se paró en el dintel de la puerta y con voz triste, me preguntó muy ansiosa:

–¡Mire caballero!, ¿por casualidad no tiene alguna otra cosa que su esposa NO USE?

¡Y por eso nos devolvimos!

COLOFÓN:

¡Úselo señora, porque si no lo usa, otra lo aprovechará!

Opine en los comentarios, sobre quién tiene la razón él o ella.

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