Historia perturbadora
Por: HELI JURADO SIERRA
En el año 1800 había no solo atraso científico, sino a todos los niveles; no existían aviones, computadores, celulares o automóviles, de tal manera que cualquier pregunta se convertía en un completo enigma, para esas épocas los humanos poco usaban el cerebro y consultaban mucho a brujas y adivinos.
Eran tiempos en los que creían que cuando caía un rayo era producto de la pelea entre sol y la luna, sacándose chispas. En el aspecto médico aseveraban que una herida enrojecida y llena de pus, estaba sanando. Otra más risible era que, cargando una pata de conejo se evitaban accidentes; el conductor de un caballo cargaba una pata de conejo, el caballo se quedó sin frenos, se desbocó y juntos se mataron.
Para esas calendas, una mujer joven y hermosa, (mezcla de Megan Fox y Sofía Vergara), perseguía a su novio como loca, con deseos lascivos, buscando por todos los medios satisfacer su apetito sexual, ella tenía una incurable obsesión lujuriosa por su amado, pero el condenado novio tenía la firme intención de llegar ambos vírgenes al matrimonio.
La novia le inventaba historias a ver si lograba convencerlo y le decía, por ejemplo: – “Quiero convertirme en vampira, para chuparte el pescuezo y que luego me claves la estaca”, pero el tipo ni se inmutaba, no entendía la vuelta.
El solo vivía muy juicioso, trabajando en el campo y ahorrando. Era un hombre tímido, respetuoso o tal vez muy tonto y no se atrevía ni a tocarla ni a besarla. Además prometió que no se casaría hasta tener una casa propia y ya llevaba 10 años ahorrando, los mismos años que tenían de noviazgo. La mujer, en medio de su excitación y no aguantando más sus impulsos de hembra enamorada, se le presentó una mañana en su habitación, con una falda bien cortica.
– A propósito de minifaldas, a esas prendas les pasa igual que a los viejitos, cada dia están mas cerca del hueco –
Las mujeres siempre son más aventajadas que los hombres en aspectos eróticos y con los ojos vidriosos, ávida de emociones fuertes, sentada al borde de la cama, maquinando la estrategia para que su hombre le arrancara como le arranca el toro al torero, le narró la siguiente historia:
– Amor, ¡cómo te parece que ayer me operaron el pene en un hospital de caridad! Estoy muy asustada y vengo a mostrarte la cicatriz que me dejaron! Se levantó la minifalda y le mostró la exquisita ranura lanosa de su sífisis púbica, diciéndole, ¡tócame y veras que tengo fiebre!, además, me dejaron la herida abierta y ni siquiera me cosieron.
Cuando el tipo tuvo aquella visión efervescente, se cayó de la cama desmayado y perdió el conocimiento, ya que nunca en su vida había visto aquel extraño orificio, pues pensaba inocentemente, que tanto los hombres como las mujeres tenian pene.