FUTBOLISTA COLOMBIANO ES RÉCORD GUINNESS
Por: HELÍ JURADO SIERRA.

Lo apodan “El General”, respiró por primera vez aire mundanal en Ebéjico Antioquia el 26 de noviembre de 1975. La primera patada a un balón, como profesional, la dio en el Deportivo Pereira en 1995 a los 19 años. Lució con coraje durante 20 años estas camisetas en varios estadios:
- Millonarios Fútbol Club
- Independiente Santa Fe
- Atlético Nacional
- Deportivo Pereira
- Deportivo Cali
- Envigado FC
- Boyacá Chicó
- Fortaleza CEIF
- Cúcuta Deportivo
- Argentina:
- Racing Club
- Colón de Santa Fe
- Boca Juniors y
Puebla de México.
Jugó 48 partidos con la Selección Colombia, donde anotó cuatro goles y ganó la Copa América 2001.
También fue expulsado tres veces como asistente y dos como técnico, totalizando 51 expulsiones.
Su nombre es Gerardo Alberto Bedoya Múnera, laboraba como lateral izquierdo y era para el fútbol, lo que se conoce en la Lucha Libre como rudo: En todos los partidos podrían pasar por delante de él, el balón o el jugador, pero nunca los dos y si de pronto pasaba el jugador, ya tenía asegurada su patada voladora, tijereta a la nuca, machetazo testicular o visita al hospital.
El tipo era tan bueno en el arte del malabar esférico, que fue contratado por equipos del país donde saben bailar tango y el fútbol se volvió religión Maradoniana.
Durante la práctica del deporte balompédico acumuló la barbaridad de 46 tarjetas rojas, cifra que lo convirtió en Récord Guinness, al ser el mayor coleccionista mundial de este tipo de tarjetas.
Ni siquiera el uruguayo mordelón Luis Suarez tiene ese número de sanciones rojas. Suarez es un raro espécimen futbolero que, al estilo de un Pit Bull rabioso atacó a dentelladas a Giorgio Chiellini de Italia en el Mundial de Brasil 2014, a Branislav Ivanovic del Chelsea en 2013 y a Otman Bakkal del Ajax en 2010. -A manera de sugerencia, la FIFA debería pedirle a Suarez el certificado de vacunación contra la rabia antes de cada partido-
Gerardo Bedoya era un “pata brava”, con mucha adrenalina al que, ya sudoroso, sus pies se le convertían en pezuñas, para meterlas por donde fuera y ante cualquier rival.
Habrá muy pocos futbolistas que, provocados, agitados y con los nervios alterados, conserven la calma. Por eso concluimos: futbolista que esté libre de rabia, que tire la primera patada.
Súper genial !!!