La suerte si existe

La suerte si existe

(Basado en una historia real)

Este relato no pretende demostrar que todos los buenos y/o malos resultados humanos son dados por la suerte, sino que hay ocasiones en que determinadas influencias cósmicas, hacen que las cosas se den con poco o ningún esfuerzo. Lo mismo sucede con lo contrario, a veces, buscando el triunfo se encuentran accidentes y aún la misma muerte.

«Pocalucha» era el prototipo del pedigüeño que acostumbraba holgazanear por las calles de la segunda ciudad del país: “Sucursal del cielo”, clima tropical, olor a caña, sancocho de gallina, Champús, chontaduros, manjar blanco, mujeres hermosas. “Capital mundial de la salsa”, con mucho influjo de narcotraficantes foráneos, ubicada en el departamento del Valle, Colombia, Sur América… C  A  L  I.

Monumento a Cristo Rey, de 26 metros de altura
Campeones mundiales de salsa.
Plazoleta Jairo Varela, allí suenan hermosos acordes musicales.
El monumental estadio Pascual Guerrero.
“América y Cali a ganar, aquí no se puede empatar…”
Hermosa porrista del Cali Bellísima porrista del América
Icónica Iglesia la Ermita, en el centro de la ciudad.
“Las caleñas son como las flores…”

El hombre de unos veinticinco años de edad, no hacía ningún esfuerzo por trabajar, imploraba «Cualquier monedita para comer», se dedicaba a la vagancia, a fumar marihuana, y a dormir en un cambuche a la orilla del rio.

Su presentación era lamentable, pues cuando no olía a columpiadero de mico, expedía efluvios como de letrina destapada.

Su camisa, no se sabía de qué color era, por lo desteñida, el pantalón era un etcétera de huecos, sus zapatos eran de diferente matiz y de marca Podobromhidrosis, lo que traduce: Pecueca. Su aspecto en general, era el de un loco maloliente.     

Era un haragán con una despreocupación a toda prueba, que no se inmutaba por nada. Su indigencia se debía particularmente a su pereza incorregible; cuando le ofrecieron un trabajo de cuidador de un viejo edificio desocupado, con vivienda y almuerzo incluidos y con un horario de diez de la mañana a cinco de la tarde, no quiso aceptar, aduciendo que: “Es muy duro madrugar a las diez”, de ahí su mote «Pocalucha».

Una noche, después de fumarse su buena porción de maracachafa, vagando por un barrio donde abundan las mansiones y las exquisiteces son prolíficas, sintió truenos, como si se fuera a desencadenar una tempestad, pero al menguar el efecto de la marihuana en su cerebro, descubrió que la tormenta era dentro de su estómago y le estaba avisando una inminente borrasca de mierda, entonces se metió a hacer su necesidad fisiológica a un lote baldío, ubicado en medio de dos edificios. El solar tenía un alambrado de púas, que lo protegía de los intrusos, pero eso no fue impedimento para que el limosnero se deslizara por debajo de la cerca, hasta ubicarse en el fondo, donde no lo vieran.

Poca lucha cagando en un lote baldío.

Estaba acurrucado, realizando su evacuación intestinal, la cual parecía que no fuera a terminar, pues era tan abundante, como si se hubiera tragado una vaca, cuando de pronto, oyó un golpe estruendoso detrás de él y pensó en medio de su traba, que se había tirado un pedo morrocotudo, pero no, el susto fue mayúsculo, cuando observó que el ruido provenía de algo que cayó del cielo a sus espaldas, a centímetros de donde se hallaba acuclillado.

Era una valija de cuero color café, según pudo observar con la poca luz que emitía una lámpara de la calle. Imaginó que era basura metida dentro de una maleta vieja, que botó algún residente indisciplinado de un piso alto del edificio, o también podría contener ropa que los ricos ya no usan y botan.

De inmediato, obedeciendo a su filosofía dijo: No tenía maleta, esto es ganancia y la metió en dos costales que llevaba, e incluso botó algunos cartones sucios que guardaba en ellos, se limpió el orto como los perros cuando tienen parásitos: arrastrando el culo por el pastizal mojado, quedándole limpiecito, pero con una picazón desesperante en su aparato nalgatorio; como tenía mucha hambre, la embolató con una golosina de fácil consecución: Introdujo el dedo índice en su nariz y extrajo un moco largo, entre baboso y tieso, el cual saboreó con avidez, pues este vago padece de “Mucofagia”, un trastorno sicológico que lo lleva a comerse sus propias secreciones nasales; pero no se aterren que este vicio también es propio de gente elegante, al ex técnico de la selección alemana de fútbol, Joachin Löw, también le gusta la güevonada.

Joachim Lôw extécnico de la selección Alemana, comiendo mocos. (Mucofagia) se llama el preciado vicio.

Cuando se disponía a salir del solar, la cosa se complicó, porque la maleta no cabía por entre las cuerdas tensadas del alambre de púas, que además eran como de tres metros de altura.

Caminaba preocupado, de pared a pared del lote, buscando la solución para salirse con la suya (La maleta) y no encontraba por donde, hasta que descubrió una varilla gruesa, terminada en punta, tirada en un rincón, con la que reventó dos tramos del alambre de púas y por allí logró escapar de su encierro momentáneo. Caminó como cinco kilómetros, anduvo por los arrabales desiertos del pueblo, hasta llegar a la ribera del río Cauca, donde dormía en una especie de cueva. Como ya tenía bastante sed, se dio sus buenos sorbos de agua color grisáceo, contaminada con jabón, pues allí cerquita una fábrica de detergentes arrojaba sus desechos al rio, pero eso a los ñeros poco les importa, lo primordial era remojar su aridez traqueal, aunque fuese con agua sucia.

Se dispuso a dormir en su cambuche, pues debido a la fumata de marihuana, más el diluvio de heces dentro del lote y al ajetreo con la pesada valija, estaba muy cansado y con sueño. Puso la maleta a un lado, se cobijó con unos periódicos y dormitó profundamente.

Mientras tanto, en el barrio opulento, donde ocurrió la defecación del indigente, la policía realizaba un meticuloso allanamiento en el piso cuarto, del edificio contiguo al lote donde había estado Pocalucha vaciando sus intestinos. Es como si la hediondez de su evacuación hubiera subido a ese piso a contaminar a los moradores de ese apartamento, pues cuando se dieron cuenta que la policía les cayó, dijeron:” ¡estamos cagados!”.

Los agentes habían entrado subrepticiamente con una orden de cateo expedida por un juzgado, pues tenían serios indicios de que allí moraban y negociaban con drogas, dos reconocidos narcotraficantes venidos del Tolima.

Allanamiento del edificio en Cali.

Ya tenían a dos de sus residentes sometidos y tendidos en el piso, faltaba una señora gorda que estaba en una de las habitaciones de atrás, la cual se entregó a los policiales, después de estar un minuto encerrada, diciendo que la esperaran para vestirse, ya que se encontraba desnuda.

Los dos presuntos narcos con la señora gorda, detenidos.

Ese minuto fue crucial para la señora rolliza, aprovechándolo para lanzar por la ventana una maleta, que necesitaba ocultar de los oficiales; ella contenía el “Corpus criminis” que los inculpaba a todos.

El limosnero pasó la noche durmiendo su traba y su cansancio, teniendo en su barriga sólo la secreción nasal que se tragó y los sorbos de agua sucia; se despertó como a las once de la mañana con un “hombre atrás”, –¡Perdón Por la metátesis!–, fue con un “hambre atroz” y se dispuso a abrir la pesada maleta, la cual tenía un candado de clave; ya con la claridad de la luz pudo ver que ese artefacto era bien fino, porque lucía una marca en metal dorado y en alto relieve, que decía: Louis Vuitton, made in France.

Costosa maleta Louis Vuitton que casi le cae encima.

De dos trancazos, abrió la maleta con la varilla que se trajo del lote y agradecido por haberlo sacado del apuro, le estampó un beso.

Y, ¡Oh sorpresa!, la consabida valija estaba repleta de fajos de billetes, todos de cien dólares, amarrados con cintas de banco. Hubo un momento en que, preso de la emoción, simuló que se bañaba con un puñado de billetes y una ráfaga de viento los arrastró al río.

Ahora venía un problema grave. ¿Dónde meter esa maleta? y ¿Dónde guardar esa enorme cantidad de dólares?

La maleta contenía muchos fajos de dólares

Comenzó por cavar un hueco con la varilla, en la base del barranco y como la tierra era arenosa, el trabajo se facilitó. Se echó al bolsillo un puñado de dólares, tapó bien la maleta con arena. Procedió a darse un baño, que hacía tres meses no se daba, para estar a la altura de un hombre embilletado y se trasladó al centro de la ciudad.

Por el camino encontró una casa, donde vendían ropa usada. Con treinta pesos y unas monedas que tenía ahorradas, se compró una camisa, un pantalón y unos tenis de segunda, para verse más decente, (la plata le cambió el chip), luego se dirigió a una oficina de Western Union y afortunadamente el tipejo guardaba celosamente su cédula de ciudadanía (No era del todo bruto) y para no despertar sospechas, cambió sólo dos billetes de cien dólares, por los que le dieron $800.000, oo. (Ochocientos mil pesos).

Cuando le preguntaron de dónde había sacado los dos billetes de cien dólares, dijo que se los había encontrado en un basurero.

Al llenar un formulario con sus datos, en el renglón dirección, escribió riéndose con ironía: Rincón del rio, casa No. 1, Urbanización la Soledad.

Oficina de WESTERN UNION, donde cambió 200 dólares.

Nunca en su vida había tenido tanto dinero en sus bolsillos y eso sin contar la enorme cantidad que guardaba en la maleta.

Entro a un restaurante, pidió doble porción de arroz, una colombiana litro y un Kokoriko asado, del cual no quedaron sino los huesos, porque se relamió el plato.

Ya con la barriga llena, fue a comprar otra muda de ropa, esa sí, en un almacén de mejor prestancia, se la llevó puesta con las marquillas a la vista, para enfatizarle a quien lo viera, que estaba estrenando y se dirigió con aire de felicidad a su caleta en la orilla del río, a contar el dinero de la maleta.

Pasó por una olla (Sitio donde venden estupefacientes) y se aprovisionó con media libra de marihuana, esta vez no la cambió por latas de cerveza y alambre de cobre robado, sino que la compró con un billete de cien dólares contantes y sonantes, de los cuales le dieron vueltos.

Llegó a su cambuche erguido y pisando duro, pues por primera vez estaba estrenando ropa y con mucho dinero, entonces miró su colchón hecho un cochambre, con repugnancia.

¡Lo que hace el dinero! En un abrir y cerrar de ojos, se volvió vanidoso y de estrato alto, ya le olía a feo el colchón pulgoso que recogió de la basura, en el que dormía plácidamente. El cambio fue total: De tipejo a TIPAZO, con mayúsculas. Ya no hallaba donde sentarse, porque antes se sentaba en el suelo y ahora podría ensuciar su traje nuevo.

Se quedó en calzoncillos y se dispuso a desenterrar la maleta para contar su contenido. Para ese trabajo que acababa de conseguir, como tesorero-gerente de su propio negocio, no le dio pereza. Demoró dos días contando billetes y la cantidad total fue de un millón doscientos cincuenta mil dólares, lo que multiplicado por cuatro mil pesos que valía cada dólar, daba la cuantiosa suma de Cinco mil millones de pesos. ¡Una lotería! También había como tres fajos en billetes de veinte dólares, que por ser chichiguas no las contó y se las dejó como premio de consolación al lector.

Dicen por ahí “que los ricos están completos” y que no hay lugar para que, entre un nuevo miembro a esa comunidad, pero nuestro protagonista, sin trabajar y sin el menor esfuerzo, había entrado a formar parte de esa élite. Algunos expertos en filosofía sostienen que “La suerte no existe”, “que importan el trabajo, la disciplina, la perseverancia y el saber”, pero en el caso de este haragán, no se cumplió ninguno de los cuatro anteriores preceptos.

En este cambuche vivía Pocalucha en la pobreza.
Residencia estrato seis, en la que ahora vive Pocalucha.
Elegante oficina de Pocalucha actualmente.
Pocalucha tiene una fructífera hacienda ganadera.

Poca lucha llegó a ser un próspero comerciante y va a ser muy risible cuando le pregunten ¿Cómo llegó a amasar semejante fortuna? Con toda seguridad va a responder: “Muy fácil, ¡CAGANDO! “   

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Valentina Portilla
3 Años Después

Excelente artículo, me parece genial como puede cambiar la suerte de alguien instantáneamente 🙂

Carolina parra
4 Años Después

Excelente blog,muy divertido y entretenido uno no quiere parar de leer 😂

Halconjurado
4 Años Después
Responder a  Carolina parra

¡gracias por comentar!

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